TIEMPO DE CRISIS

Tiempos de Crisis… tiempos de apoyarnos por Sylvia Sánchez Oller, Ph.D.

Jueves 23 de abril, 2020

Ante la emergencia mundial que estamos viviendo, se me ocurre la metáfora de la cueva, cuando los animales
se protegen del mal tiempo o de posibles peligros que les acechan: corren a sus madrigueras e invitan a sus
crías a estar cerca de ellos para darles protección y abrigo… si falta alimento, uno de los adultos sale en su
búsqueda mientras los otros esperan ansiosos en el interior de la cueva y se regocijan cuando el que ha salido regresa con el alimento. Todos comparten, se miran de arriba a abajo como si con su mirada les enviase a los demás un poder de protección. Están atentos.

Algo así ocurre en la familia en estos tiempos: Usted y su familia está en mi pensamiento diariamente… nos hemos dado unos días para resguardarnos, ustedes y yo… es un esfuerzo colectivo en función de protegernos
y protegerse a uno mismo… el fin último es frenar la propagación del COVID-19.

Esta atención mutua ha transformado la vivencia del trabajo, la escuela, la vida social y por supuesto, los procesos psicoterapéuticos. Pero no están solos.

Desde el Ministerio de Salud nos comunican cómo va el desarrollo de la pandemia en nuestro país y, nos alertan de nuestro proceder para ayudar a detenerla. Todos somos un granito de arena en este momento y, desde nuestra posición ayudamos a que así sea.

Mientras estoy en el confinamiento, aprovecho mi tiempo para ejercitar otras vías de enseñanza aprendizaje ante el compromiso que tengo como docente: indago, estudio, re-planeo y me ejercito en la parte virtual de las posibles clases que nos esperan ante este semestre, generando recursos nuevos y dinámicos ante una pantalla de la computadora. Mis estudiantes también se muestran atentas y comprometidas de cómo aprender a hacer Psicoterapia Familiar y de Pareja, convirtiéndonos en socias del aprendizaje, haciendo propuestas que talvez no salen tan bien la primera vez, pero que en una segunda se mejora… estamos dando lo mejor en esta nueva universidad que hoy nos reta en el 2020.

Este es, sin duda, un momento difícil y estoy pensando especialmente en los y las residentes de Psiquiatría, quienes estarán dado lo mejor de sí y abocados a su Juramento Hipocrático de consagrar su vida al servicio de la humanidad. Estoy segura que cumplirán su gran compromiso en la asistencia a la salud mental, pondrán a prueba su propia resiliencia para hacerle frente a esta situación inesperada que nos ha tomado de sorpresa a
todos y todas.

Una de las experiencias más gratificantes para mí ha sido ver cómo nos unimos en la distancia pero con la cercanía humanista para apoyarnos en este momento: los psicoterapeutas, la familia, la pareja, los y las docentes, los y las estudiantes… tratamos de ayudar a quien está en la situación más crítica, se nos sale “el bueno” que llevamos dentro como un desafío de vernos en el contexto, buscado soluciones a la comunidad. La pandemia nos hace equilibrar salud, trabajo, familia, amigos/as, los/as necesitados, tratando de encontrar estrategias de afrontamiento y mantener la calma.

¡Qué a la familia que tiene niños peques, sus padres se conviertan en súper héroes, que reviva su niño/a interior y logren hacer juegos divertidos que nutra la autoestima de cada chiquitín o chiquitina!

¡Qué a la familia que tiene adolescentes, sus padres se interesen en la música que escuchan, que se aprenda la canción favorita de este/a y la canten juntos en karaoke!

¡Qué a la familia que tiene adultos mayores, sus hijos/as les escuchen una vez más esas historias del pasado que repite porque “los tiempos han cambiado” y hay una necesidad de revivir lo que ya se ha ido!

¡Qué la pareja se re-encuentre con pasajes de vida que solo esta lo sabe… con comentarios positivos de lo que más le agrada del otro/a!

Me uno abrazando una luz de esperanza que estos tiempos nos harán ser mejores personas, más solidarios/as y más responsables de lo que le hacemos al planeta. Me solidarizo con quienes estén sufriendo con el virus en su salud y con los seres queridos que les rodean. Lamento se sobremanera las familias que pasan la pérdida de un ser querido por la pandemia.

Si bien, hemos tenido que poner en “pausa” los procesos psicoterapéuticos, sé que algunos y algunas de ustedes me han insistido en realizarlos a través de ZOOM. Yo, de mi parte estuve bastante reticente de realizarlo. No obstante, el pasado sábado 18 de abril , en una teleconferencia titulada: “COVID19: Europa y América Latina conversan sobre el confinamiento entre los seres humanos”, el maestro Matteo Selvini, de quien me he inspirado en la formación y actualmente siguiéndole sus pasos, aseguró en su ponencia que la terapia virtual llegó para quedarse. Viniendo de este profesional, quien argumenta que el setting ha de
flexibilizarse es que me inicio entonces con el servicio Online de la Psicoterapia.

¡Ánimo! ¡Fortaleza! ¡Coraje!

Robarte el corazón, con un roce…

Esperanza García Cuenca, Psicoterapeuta y Supervisora Docente, junto a Felipe de Prados, transmiten su conocimiento del uso de la comunicación, cada uno a su estilo.

En el caso de Felipe, es un hombre con una causa de conciencia hacia el NO maltrato a los animales, en este caso, a los caballos.

Felipe es un hombre que a sabiendas que algún caballo va a ser sacrificado, lo trae a sus cuadras, y lo recoge para recuperarle y cuidarle… pero no son cuadras de 3 x 7 metros, no es una caballeriza donde el animal asoma su cabeza al paso del frente… no… es una área abierta, donde cada animal puede correr, pasear y ver a su vecino.

Felipe es un hombre leal, cree en el amor del ser humano y es un fiel de sus propios sentimientos, que logra transmitir al animal de una forma natural, además de la pasión que participa a quienes le ven trabajar.

No usa ni chilillo ni faja… no azota… no doma… no adiestra… ¡no! Porque el animal no se sujeta, el animal se hace dócil sin fuerza y se amansa con cariño, siguiéndole con una energía que lleva su tiempo hasta tranquilizarle.

Felipe chasquea sus dedos, habla con firmeza un ¡eh eh eh! cuando el caballo o la yegua con la que trabaja, le enseña a desplazarse tras él y le brinda el respeto.

Tranquiliza al animal con su mirada, sí que le ve a sus ojos, y le comunica sin hablarle.

Le señala con sus dedos índices lo que es permitido y lo que no lo es.

Milton Erickson es un psicoterapeuta que hablaba del trance terapéutico, de cómo prepara a su paciente para vivir el momento, aquí y ahora. Felipe es un hombre que habla de nobleza y de las cualidades generosas que tiene el caballo.

Felipe hace un trance con el caballo, lo lleva a un estado de paz… ¿cómo?, primero le habla, sí, porque el animal necesita saber que alguien está allí, le toca muy suavemente con el dedo índice sobre su cabeza, le acerca su cabeza, el animal le huele, le huele y le huele… le busca, y Felipe no se quita para que el animal disfrute de su compañía, luego le hace un sonido particular con la boca, y el animal le sigue.

El caballo no debe caminar a la par, ni levantar la cabeza, porque eso es altanería, eso es empoderarse ante el amo y más bien trata de la autogestión que la bestia tenga ante el amo, de manera que el animal debe ir detrás, con la cabeza caída y confiando. Felipe le guía… el animal lo sigue porque Felipe le ha dado la seguridad para hacerlo. Si el caballo se despista o se distrae, Felipe le vuelve a encaminar, a enseñarle por dónde ha de ir, le dirige la conducta a través de la mirada y la comunicación, y no le permite perderse y si no le obedece, le dice un NO, pero ni se le toca ni se le maltrata, ni se le pega, ni se chililla… se le planta un NO.

El caballo juega… y el amo juega con el caballo, en una danza armoniosa que ambos se entretienen, giran, se miran, dan vueltas, y luego se detienen, para que el animal abrace al amo… ¿abrace?… ¡sí!, al animal vuelca su cabeza y la pone enfrente de su amo, acercando cabeza al corazón del amo… y así, persona y animal logran abrazarse y sentirse… tanto que al animal permitirá que le toque las patas delanteras, que se siente entre las patas, bajará su cabeza para que lo mime… pasará el amo por debajo de la panza del animal, como quien dice jugando a las escondidillas, y podrá ponerse en la parte trasera y abrazarle los muslos, para seguir apoyándose en su costado, y sentir la respiración del animal que emana un calor especial… y luego se acerca a la cabeza del animal, se arrodilla frente al animal, y sin tocarlo, el animal le olerá la cabeza y le besa el cabello…

Por eso se dice un roce… porque es un trato especial, es una comunicación profunda, es un toque delicado y suave, que hace que la relación sea de plena confianza y puedan tener una conexión empática.

(Vivencia realizada en la Yeguada Aires de Luna de Valencia, ESPAÑA, Julio 2016)